PERSECUCION RELIGIOSA DE 1914
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Todo
marchaba normalmente en el Colegio del Sagrado Corazón; era un día luminoso de
julio de 1914.
La
directora, madre Serafina Fernández, se presentó a los salones de clases y, sin
poder ocultar su nerviosismo ordenó:
- Chiquitas, recojan todas sus cosas y
ordenadamente y en silencio salgan hasta sus casas para regresar hasta nueva
orden.
Para
las alumnas y las maestras fue como un chubasco de agua fría, algunas niñas
comenzaron a llorar, pero obedecieron puntualmente.
Los
agentes del gobierno ordenaron a las religiosas recoger sus pertenencias y
salir del establecimiento. //
Todas
fueron acogidas bondadosamente en casa particulares, con las señoritas Peña,
dueñas de la hacienda de Santo Domingo, a 39 Km. de San Luis de la Paz,
recibieron a la M. Humilde y a la M. Serafina, quienes fueron instaladas, en un
departamento, de la parte baja de la hacienda.
Después
de improvisar su pequeño oratorio, la M. Serafina dice:
- En esta habitación estarán el 3º y 4º
grados y, en la siguiente, su caridad atenderá el 2º y el 1º.
- Está bien – contesta Sor Humilde.
- Es necesario – continúa Sor Serafina – que en la mañana asistan las niñas y por
la tarde los niños.
- A mí me parece – responde Sor Humilde –
que es mejor, en la mañana tener grupos mixtos y por la tarde dar clases a los
adultos y enseñarles la doctrina cristiana.
- Está bien, contesta Sor Serafina - ,
pero eso sí, en una fila las niñas y en otra los niños.
La
hacienda tomó un tinte festivo con los cantos y las risas de los niños. A las
12 se rezaba el Ángelus, a las 5 p.m. el Santo Rosario con cantos, y a las 6
p.m. nuevamente el Ángelus.
Algunos
sábados y domingos, las hermanas, caminaban a la orilla del río contemplando
las maravillas de Dios y, evocando al Padre San Francisco, decían: //
“Alabado
seas mi Señor por todas tus criaturas, por nuestra hermana agua, por el viento,
por lo nublado y todo tiempo”.
En
ese año, según el decir de los rancheros, el temporal se vino bueno y la
capilla se engalanó con hermosas flores silvetres y cada día había más cordialidad entre todos.
Esa
semana había llovido demasiado, el sábado cayó un aguacero torrencial y se
desbordó el río.
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