INGRESO A LA CONGREGACION
==============================================================
El
17 de febrero de 1912 se encaminan a la 4ª. Calle de la Constancia No. 78. Las
dos caminan en silencio.
Magdalena va emocionada, su madre, a pesar de su fortaleza, dibuja, en su semblante, la tristeza. //
En
la puerta, la Superiora General, Clara del Carmen Aguilera, las saluda
afablemente.
- Madre – dice la Sra. Patlán –, vengo a dejar a mi hija.
Magdalena,
siguiendo su impulso natural da dos pasos y se pone junto a la religiosa.
La madre Clara, poniendo levemente la mano sobre el hombro de la joven, le dice:
- “Bueno, niña, aquí tienes que
tener un corazón de paloma, una boca de cerdo y un lomo de burro”.
La
señora Patlán hizo un grandísimo esfuerzo por no llorar delante de su hija, se
despidió y salió.
Ya
en la calle respiró profundamente y sus ojos se llenaron de lágrimas que enjugó
con su rebozo. Esas palabras de la madre Clarita las guardó por siempre en su
corazón.
Pasaron,
de inmediato, al pequeño oratorio. Nuestro Señor estaba manifiesto, las luces
de las velas, el olor y el humo del incienso la hicieron casi, sentirse
arrobada.
La
comida, pobrísima, de mesa el suelo, loza de barro y de cama un petate; pero
ella era feliz, lo único que anhelaba era vestir el sayal franciscano.[1]
//
.png)
.png)

No hay comentarios:
Publicar un comentario