INFANCIA CON SUS ABUELOS
(Madre Humilde, (Humildita))
Muy
temprano, levanta la tranca del corral y espera a que salgan los borreguitos.
El rebaño, aunque pequeño, requiere cuidados. Lleva en su morral unas gorditas,
un cántaro con agua y un libro de lectura. Oye atentamente las recomendaciones
del abuelo y su mirada limpia contempla el paisaje recuerda con cariño su
rancho de la Concepción, Gto., donde sus ojos vieron la luz primera el 17 de
marzo de 1895.
Llega
a la llanura, se percata que su rebaño esté pastando, se sienta a la sombra de
un árbol frondoso desde donde tiene bastante visibilidad, abre su libro e inmediatamente
viene a su memoria el recuerdo de su madre cuando, en el portal de su casa, le
enseñaba el catecismo de Ripalda y a leer con el silabario de San Miguel;
además, evoca los ejemplos que le narraba y que nunca olvidará.
Ya
se hizo tarde y Magdalena camina por la llanura llamando por su nombre a la
ovejita perdida. Siempre ha llegado con el rebaño completo, por eso se afana en
buscar a la extraviada, por fin la encuentra. Se pone seria, le hace
ver su error y emprende el camino tarareando una canción.
En
la tranquilidad de su lecho da gracias a Dios por el hermoso día y pasa entre
sus dedos las cuentas del rosario que, desde el día de su primera Comunión, no
ha dejado de rezar. Cierra los ojos y vuelve a ver a la ovejita perdida.
Años
más tarde recordará esta misma escena buscando, de casa en casa, a sus hijas
dispersas por la persecución religiosa de 1926 a 1929.
Su
estancia en Santa Rosa no fue muy prolongada, pero sí lo suficiente para que
los abuelos se encariñaran con ella, al grado que, a la muerte de don Eleno,
cuando su madre fue a recogerla, se negaron a entregarla.
Frente al juez están los abuelos, doña Cruz y la pequeña Magdalena cogida fuertemente a la mano de su madre. ¿Porqué a tan temprana edad tiene que comparecer ante un tribunal?
-¿Quieres
vivir con tus abuelos o con tu mamá? – pregunta el juez mirando fijamente a la
niña-. Ella, sin vacilar, con aplomo responde:
- Con mi
mamá – abrazándose fuertemente de ella. //
Es
así como se dirigen a la ciudad de México y se instalan en una modestísima
vivienda, en la colonia Peralvillo.
Después
de rezar las oraciones de la mañana, ante la imagen del Sagrado Corazón de
Jesús y la Santísima Virgen de Guadalupe, todos ayudan a los quehaceres de la
casa. Después pasan a tomar el desayuno.
Para
proporcionar el sustento a la familia, doña Cruz entrega tortillas a domicilio.
Magadalena [sic...] le ayuda con mucha
entereza; Cipriana y Zeferino trabajan en una fábrica de corchos.
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