Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Una vida de sencillez, gobierno y servicio · 1895–1970
Una niña llamada María Patricia Magdalena
María Patricia Magdalena Patlán Sánchez nació el 17 de marzo de 1895, en el rancho de La Concepción, Guanajuato, hija de Eleno Patlán y Cruz Sánchez. Fue bautizada el 27 de mayo del mismo año y creció junto a sus hermanos Cipriana y Zeferino. Desde sus primeros años, su historia estuvo marcada por la sencillez de una familia trabajadora, la enseñanza religiosa recibida en el hogar y el gusto por aprender.
Todavía niña vivió durante un tiempo con sus abuelos paternos en Santa Rosa, Guanajuato. Allí ayudaba en el cuidado de un pequeño rebaño y aprovechaba los momentos de tranquilidad para leer. Fue Humilde conserva precisamente esa imagen: la pequeña Magdalena entre el campo, sus libros y las ovejas que debía regresar completas al corral.
De Santa Rosa a Peralvillo
Tras la muerte de su padre, doña Cruz Sánchez reunió nuevamente a sus hijos y se trasladó con ellos a la Ciudad de México, instalándose en el barrio de Peralvillo. La economía familiar era modesta: su madre elaboraba y entregaba tortillas a domicilio, mientras los hijos colaboraban con el trabajo doméstico y familiar.
Doña Cruz, consciente de la inteligencia y afición por la lectura de Magdalena, procuró para ella una educación más amplia. La joven ingresó como interna al colegio de las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, en Tacuba, donde se distinguió por su aplicación, orden y piedad. Entre sus maestras estuvo Madre Margarita Diéguez. La formación recibida allí dejó una huella importante en su educación humana y espiritual.
Una vocación que supo esperar
Al regresar definitivamente con su familia, Magdalena prefirió ayudar a su madre y trabajar junto a sus hermanos. Sin embargo, alrededor de los quince años comenzó a expresar claramente su deseo de consagrarse a Dios. Su madre no se opuso, pero le pidió tiempo para discernir.
Según la narración de Fue Humilde, Magdalena esperó un año completo antes de volver sobre su decisión. El 17 de febrero de 1912 ingresó a la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción.
El día en que comenzó a llamarse Humilde
El 18 de mayo de 1912 recibió el hábito religioso y con él un nuevo nombre: Sor Humilde del Niño Jesús de Praga. El 25 de mayo de 1913 emitió su primera profesión religiosa y el 26 de febrero de 1920 realizó su profesión perpetua. Desde entonces firmaría como Sor Humilde del Niño Jesús.
Su nombre religioso terminó convirtiéndose en una síntesis de su manera de vivir: sin buscar protagonismo, fue aprendiendo a servir desde tareas concretas, la enseñanza, la formación de las jóvenes y los primeros servicios de responsabilidad dentro del Instituto.
Maestra antes que gobernante
Después de su primera profesión fue destinada al Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, en San Luis de la Paz, Guanajuato, donde trabajó como maestra de educación básica y canto. Las dificultades políticas de los años siguientes obligaron a cerrar obras y modificar apostolados, pero Sor Humilde continuó colaborando en la enseñanza.
En 1916 recibió el servicio de celadora de la Casa General. Al año siguiente fue nombrada Maestra de Postulantes y, en el Primer Capítulo General de 1917, elegida Cuarta Consejera General. En 1920 pasó a servir como Tercera Consejera General. Antes de presidir la Congregación, conoció desde dentro la formación y la vida ordinaria de las hermanas.
Al frente de la Congregación
El 2 de febrero de 1922, con veintiséis años y próxima a cumplir veintisiete, fue elegida por primera vez Superiora General. Su juventud contrastaba con la magnitud de las tareas que recibió: consolidar la organización interna, fortalecer la formación, procurar una casa estable y avanzar en la regularización canónica del Instituto.
El 13 de marzo de ese mismo año dirigió su primera circular. A partir de entonces la palabra escrita sería uno de sus principales instrumentos de gobierno y acompañamiento. Se conservan 118 circulares, además de cartas, actas de visitas canónicas y otros documentos que permiten conocer su pensamiento espiritual y su manera de ejercer la autoridad.
Una casa propia y una Congregación consolidada
Durante su primer periodo se desarrolló el proceso para contar con Constituciones propias. Madre Humilde y su Consejo continuaron trabajos iniciados anteriormente y los llevaron hacia una formulación más adecuada a la identidad y necesidades del Instituto.
También se consiguió una casa propia en Coyoacán y, el 4 de agosto de 1924, la Congregación recibió la aprobación diocesana correspondiente. No se trataba de fundar una nueva Congregación —la obra existía desde 1874—, sino de fortalecer jurídicamente y organizar canónicamente una familia religiosa que seguía creciendo.
Cuando hubo que esconder el hábito
La persecución religiosa de 1926–1929 cambió radicalmente la vida de las hermanas. Casas y colegios fueron clausurados, el noviciado tuvo que dispersarse y la Casa General perdió durante largos periodos un domicilio estable. Algunas religiosas debieron vestir como seglares y refugiarse en casas de bienhechores.
Madre Humilde procuró mantener comunicada a la Congregación. Continuó realizando visitas, enviando circulares y buscando lugares seguros. Ante el peligro que corría la formación de las jóvenes, ella y su Consejo solicitaron autorización para establecer una casa en Estados Unidos, pensando especialmente en la continuidad del noviciado.
Durante aquellos años no gobernó desde la seguridad de una oficina. El gobierno se convirtió en búsqueda de refugios, correspondencia clandestina, acompañamiento de hermanas dispersas y decisiones tomadas en medio de una profunda incertidumbre.
Gobierno, prueba y obediencia
En febrero de 1929 fue nuevamente elegida, pero no aceptó entonces el cargo por no reunir todavía la edad canónica requerida. La autoridad eclesiástica dispuso que continuara temporalmente como presidenta del Instituto. El 20 de diciembre de 1929 volvió a ser elegida Superiora General; su confirmación requirió la correspondiente dispensa de la Santa Sede.
Los años siguientes estuvieron marcados también por conflictos internos y acusaciones. Las investigaciones eclesiásticas no comprobaron las imputaciones contra su virtud. En 1933 presentó su renuncia como Superiora General y posteriormente fue enviada por obediencia a San Miguel Canoa, Puebla, donde trabajó como maestra de niños y adultos en una población mayoritariamente hablante de náhuatl y con grandes carencias materiales.
Allí volvió a una existencia sencilla. Después de años llevando sobre sus hombros el gobierno de todo el Instituto, nuevamente enseñaba, acompañaba y realizaba las tareas que le eran confiadas.
Otros caminos antes de volver al gobierno
Los años que siguieron la llevaron por diferentes servicios. Fue enviada también a Estados Unidos y continuó colaborando en la formación y en diversas obras de la Congregación. En 1944 murió su madre, Cruz Sánchez, cuya presencia había acompañado silenciosamente toda su historia vocacional.
En agosto de 1945 Madre Humilde fue destinada como superiora local a Guadalupe Victoria, Durango, donde colaboró también en iniciativas de alfabetización. Parecía una etapa más de servicio fuera del gobierno general. Sin embargo, la historia tomaría nuevamente otro rumbo.
Por tercera vez al frente de la Congregación
El 24 de diciembre de 1945, mientras se celebraba el Capítulo General, Madre Humilde fue elegida por tercera vez Superiora General. Ella no se encontraba presente y recibió posteriormente un telegrama comunicándole la elección. Su respuesta fue obedecer y regresar para asumir nuevamente el servicio.
Comenzaba así una de las etapas más fecundas de su gobierno. Durante estos años acompañó la expansión apostólica, la formación académica y religiosa de las hermanas y el proceso de consolidación institucional.
El 9 de julio de 1947, la Congregación recibió el Decreto Laudatorio, primera aprobación pontificia. En 1951 Madre Humilde fue reelegida y continuó al frente del Instituto hasta 1958. Sumados sus distintos periodos como Superiora General y presidenta extraordinaria, dedicó aproximadamente veinticuatro años al gobierno general de la Congregación.
Formar, escribir y recorrer caminos
Gobernar, para Madre Humilde, no consistió únicamente en administrar obras. Dedicó especial atención a la formación religiosa, espiritual y profesional de las hermanas. Recorrió numerosas casas mediante visitas canónicas y atravesó fronteras para acompañar las presencias de la Congregación en México, Estados Unidos y El Salvador.
Su actividad escrita fue igualmente extensa. A sus circulares y cartas se añadieron obras y documentos vinculados con la formación, la espiritualidad y la memoria congregacional: Constituciones, el Manual de Ritos, Ceremonias y Preces, el Manual de Urbanidad Religiosa, textos sobre la Regla franciscana, un Vía Crucis meditado y otros escritos. No todas estas obras fueron elaboradas exclusivamente por ella; algunas fueron trabajos colectivos o contaron con colaboradores, pero muestran la amplitud de las iniciativas formativas promovidas durante sus años de servicio.
Dejar el primer puesto sin dejar de servir
En abril de 1958 terminó su último periodo como Superiora General. El Capítulo eligió a Madre Gertrudis Balcázar como nueva Superiora General y Madre Humilde pasó a servir como Vicaria General y Primera Consejera.
Poco después, el 25 de mayo de 1958, por motivos de salud, se incorporó a la fraternidad del Sanatorio San Francisco, en Veracruz. Allí no reclamó privilegios por los cargos que había desempeñado. Fue Humilde la muestra colaborando en tareas sencillas: preparar materiales para el sanatorio, ayudar en la lavandería o acompañar a las hermanas.
En 1963 celebró sus Bodas de Oro de profesión religiosa. Ese mismo año, durante el gobierno de Madre Gertrudis Balcázar, culminó el largo proceso de aprobación pontificia definitiva de la Congregación, proceso en cuyo desarrollo Madre Humilde había participado durante sus años de gobierno.
Hasta el final, hermana entre las hermanas
El 19 de diciembre de 1964 dirigió su última circular a la Congregación. En el Capítulo General de 1965 fue elegida Tercera Consejera General, cargo que conservaría hasta su muerte.
En Veracruz continuó prestando los servicios que su salud le permitía. Desde mediados de 1968 quedó al frente de la fraternidad debido a la enfermedad de la superiora local y, tras la muerte de ésta en agosto de 1969, Madre Humilde fue nombrada formalmente superiora de la fraternidad del Sanatorio San Francisco. Era, nuevamente, un servicio de gobierno, pero ahora vivido desde la enfermedad y la sencillez de la vida cotidiana.
Sus últimos días
Durante los primeros meses de 1970 su salud se deterioró progresivamente. Aun así, mientras pudo, continuó participando en la vida de la fraternidad y procurando ayudar a quienes la rodeaban. Fue Humilde conserva testimonios de su serenidad, de su sentido del humor y de su atención a los enfermos pobres que acudían al sanatorio.
En mayo comenzó una etapa especialmente delicada de enfermedad. Durante junio su estado se agravó. Recibió la asistencia sacramental de la Iglesia y fue acompañada por las hermanas de la fraternidad.
La Venerable Madre Humilde del Niño Jesús falleció el 17 de junio de 1970, a las 11:30 de la mañana, en el Sanatorio San Francisco de Veracruz. Tenía 75 años y había vivido 57 años de profesión y consagración religiosa. La documentación contemporánea registra como causas de muerte uremia y glomerulonefritis crónica.
Fue Humilde
Su vida había comenzado en un pequeño rancho de Guanajuato y terminó en una habitación de sanatorio junto al Golfo de México. Entre ambos extremos hubo aulas, hospitales, trenes, capítulos generales, casas clandestinas, constituciones, cartas, viajes, conflictos, enfermedades, fundaciones y muchas horas de vida ordinaria.
Fue niña campesina, alumna, obrera, maestra, formadora, consejera, superiora local y Superiora General. Conoció momentos de reconocimiento y también de incomprensión; ejerció la autoridad y supo volver después a las tareas sencillas.
El título de la primera biografía que recogió extensamente su historia acertó al condensarla en dos palabras: Fue Humilde. No porque su existencia estuviera libre de firmeza, decisiones difíciles o conflictos, sino porque, después de ejercer durante décadas responsabilidades importantes, siguió entendiendo su vida religiosa como servicio.
Fuentes principales de esta síntesis: Fue Humilde, Madre María del Carmen Pérez García, HFIC, primera edición, México, 1999, cuya estructura biográfica recorre desde «Primeros años en La Concepción» hasta «Sus últimos días». La cronología y algunos datos se han cotejado con la Positio super virtutibus y con la revisión documental del cedulario MUMAHP para evitar reproducir errores cronológicos presentes en fuentes secundarias.


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